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1602 o por qué Gaiman no debería escribir de gente que se viste con mallas

No es un secreto que Gaiman, desde que dejó Sandman atrás, desvaría un poco. Digo esto con todo el cariño a quien ha sido una de las referencias del cómic, y a un autor que quedará como uno de los clásicos de nuestra era. Él ha dado obras maestras, pero cuando se mete en determinados temas mete la pata. No porque sea malo, (que no lo es), no porque sea aburrido (aunque un poquito), ni porque sea de superhéroes; pero 1602 no es un gran cómic. Y no lo es porque Gaiman utiliza para contar su historia a los personajes de la fábrica Marvel. Precisamente lo que justificó la publicación del cómic causa su fracaso. El traje de diseño de los superhéroes, tipos más bien toscos, (o como diría cierto individuo, romos) le queda tan ceñido a Gaiman, que directamente lo destroza. La historia es irreconciliable con ellos porque son seres completamente ahistóricos e irreales, lo que elimina cualquier tipo de credibilidad. Pero es que los lectores no buscan credibilidad a las historias, sino verosimilitud, o simplemente pasar un buen rato. Sandman fue una excepción, ahí Gaiman podía permitirse veleidades pseudofilosóficas, porque los personajes tenían una más que decente profundidad, cosa que no sucede en 1602.

Solo pondré los siguientes ejemplos. Primero: La escuela de Carolus Javier tiene una inscripción en latín que reza: Omnia mutantur, nos et mutamur in illi, para quien no lo sepa es un autoplagio del propio Gaiman, de una de las últimas historias de Sandman, el número 74 para ser exactos, en el que un anciano chino exiliado viaja con un gato por el desierto y se encuentra con el señor del Sueño. La historia es fantástica, en efecto, pero es que aquí hablamos de los nacidosbrujos, unos tipos con superpoderes que visten al estilo de unos cuatro siglos después y se esconden en la escuela de caballeros. Si esto no tuviese el nombre de Gaiman en la portada, haría vomitar a una cabra. Segundo: el malo tiene el nombre de Conde von Muerte. No Drácula (que ya habría sido el colmo), ni Maligno, ni Belzebú, sino Muerte, para hacerlo coincidir con algún supervillano. Tercero: los ingleses en general tienen algo contra la Inquisición, alguna especie de terror primitivo que procederá de cuando la Armada Invencible (el nombre ya da risa, en viendo cómo terminó), así que no podía faltar. Pero, en nombre de todos los dioses y de sus concubinas, cómo se puede poner de nombre Domdaniel a su fortaleza española (no podían los traductores haber eliminado semejante atrocidad). Simplemente penoso.

Pero todo quedaría en anécdota de no ser porque Gaiman se olvida que los cómics de superhéroes tienen su estructura, y que si Sandman funcionó fue precisamente porque su personaje NO era un superhéroe. El cómic no tiene acción, y cuando aparece está mal resuelta, porque no es visualmente espectacular, sino a lo sumo correcta, lo cual no puede permitirse en este tipo de cómics, hay diálogos interminables. En ocasiones parece que sea Woody Allen quien firma. La mezcla no funciona en modo alguno, y cada página languidece con esos diálogos prolijos y la promesas de encontrarte con algo que nunca llega a aparecer.

En definitiva, un cómic que resultaría decepcionante de no ser porque, a mi juicio, visualmente está muy bien. Por ahí he leído críticas a los errores de ambientación. Éstos son tan frecuentes que incluso se podrían pasar por algo, a mi juicio, y de no ser por eso, hay que decir que la capacidad de Kubert es extraordinaria. El dibujo es sobresaliente, pero el color no está bien resuelto, tiende a violetas, amarillos y verdes oscuros, que dan un aspecto visual demasiado pesado, y el formato en fondo negro no ayuda en absoluto. Falta en el cómic mayor ruptura con el cánon visual, otro enfoque más atrevido en el diseño de las viñetas, y por supuesto la supresión de todos los super-personajes que aparecen en el guión. Pero entonces 1602 no tendría sentido, y en efecto, no lo tiene, pese a toda la buena voluntad de sus artífices. Creo que nada podría encajar mejor con la noción misma de fracaso.

P.D. Amo a Gaiman, y me encantan los superhéroes cuando hacen lo que deben hacer, no cuando se van al pasado a un tour histórico. Kubert me parece un dibujante excepcional, igual que el color sin entintado, que es una maravilla a pesar de todo. No es nada de eso. Es que a Gaiman se le tiene que pedir más, porque es el mejor.

P.P.D (Vaya, alguna vez repetiré esta reseña pero sin utilizar el "no", ¿podría hacerla?)

Comentarios

  1. Gaiman ya ha probado con superhéroes antes (veáse Ángela) y no le salen bien. Pero su nombre vende...

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