Ir al contenido principal

242 días

Llevo 240 días escribiendo rabiosamente, sin ningún orden, arrastrando las letras como un compositor enloquecido que, ya agotado su talento, trata de recuperar, desesperado, el pasado que le dejó atrás. Llevo, sí, demasiado tiempo febril, enfermizo, nervioso, reaccionando sin ninguna lógica a los comentarios del curro, odiando sin odiar... escapando de todo. Durante 240 días he buscado significados ocultos en las latas de conservas del supermercado, en las palabras de las cajeras, en los números que aparecen en los códigos de barras, en la cuenta corriente, en las frecuencias de radio. He tratado de ver, (¡y he visto!) personas invisibles que me rodeaban, seres atrapados an otros mundos, en otros planos o dimensiones o realidades o universos, pero no he conseguido liberar a ninguno, y solo hemos intercambiado la mirada. Llevo sin respirar 240 días, ahogado, asfixiado por el peso de la verdad, por la gravedad de la ignorancia, por la sublime ligereza de quien se sabe cerca de algo sagrado, aunque no pueda nombrarlo pero lo presienta. No puedo ver a un perro, o a un niño, o a un loco, sin pensar que esconde un mensaje de absoluta trascendencia, mientras yo he esperado, esperado y esperado durante estos 240 días


Nada ha tenido sentido todo este tiempo, pero ya solo quedan 2 días...

Para que comience...

De nuevo.

Comentarios

  1. Maldito afortunado. Tú, que como tantos otros sucumbisteis al embrujo de la inmediatez, del aprovechamiento útil de la aldea global, resbalas ya al borde del abismo que lleva al orgasmo del conocimiento.
    Pienso en ese nuevo comenzar y tiemblo. Sé que en 48 horas será tuyo, tanto como de todos los que decidisteis oirlos a ellos. A ellos de verdad.
    Yo rechacé esa exclusividad impagable por el placer morboso de verlos protituídos, mágicamente prostituídos, por otro artistas, más cercanos. Y no me arrepiento, pero hoy viendo tu post no puedo sino sentir envidia. También impaciencia, claro está, pero aún demasiado incipiente.
    Disfrútalo como merece, Perenzal. Ya va quedando menos para que todo sean recuerdos.
    PD: Cojonudo post. Yo no podría haberlo descrito mejor... ¡Grande!

    ResponderEliminar
  2. ¿Oye y no se puede ver en internet? es que yo aquí sólo tengo el channel 1.

    ResponderEliminar
  3. Puedes verlo en el enlace lostph, un blog que tiene enlaces directos para descarga, e incluso si tienes buena conexión puedes ver los episodios sin necesidad de descargarlos, desde la propia página, y con subtítutos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Escenarios y aventuras de estos años

  Imagen clásica de Erol Otus para el set básico de D&D de 1981.   Gracias a Caelestis (valga aquí como mi público agradecimiento) y Discord, desde que la pandemia revolucionara nuestras vidas digitales, llevo jugadas muchas aventuras que creía que no iba a jugar jamás. Me he decidido a hacer un pequeño recopilatorio para que no se pierda mi recuerdo (que es frágil y esquivo) de estas aventuras en escenarios variopintos pero eminentemente del viejo d&d: Greyhawk  El Templo del Mal elemental (aventura introductoria)      Personaje: Dir Havel.   La Torre Fantasma de Inverness  El Penacho Blanco. Retorno a la montaña del Penacho Blanco (Ad&d)      Personaje: Haliana de Everwood  La Batalla de las Llanuras de Emridy (d&d5a)       Personaje: Brobdingnag, Gnomo mago, nivel 6.  La ciudad Perdida (B4)       Con sistema OSE       Personajes: Sher-Suri...

Galaxy rangers, o como mezclar a un vaquero con una nave espacial

Lo cierto es que a mi nunca me ha atraido el western, pero sí el espacio, y sobretodo los dibujos animados. Jamás pasé en mi infancia una tarde estudiando, pero ese es otro cantar, el caso es que quiero reivindicar una serie casi olvidada, de la que ni Wildwood sabrá la Intro. Mirad, y disfrutad... http://www.youtube.com/watch?v=HMpsAmWbSJg

Tripaldi Țîbuleac

  Gnoma ilusionista de Shurrock, Tejedora de Realidades Tripaldi nació en una grieta de niebla suave en los fértiles riscos de Shurrock , el lado salvaje y libre de Bytopia. Desde pequeña, no cosía mantas ni túnicas, sino ideas. Su madre, Hilvra Țîbuleac, bordaba con telarañas encantadas; su padre cronomoldeaba lana que nunca se mojaba. Pero Tripaldi fue más allá: ella veía los hilos entre las cosas —no los de tela, sino los invisibles del pensamiento, de la voluntad, del destino. Donde otros veían caos, ella veía diseño. Donde otros hablaban de verdad, ella hablaba de ilusión. Decía que la realidad no es más que una prenda vieja , que puede deshacerse, remendarse o bordarse de nuevo si sabes por dónde pasar la aguja. La enviaron a Sigil , la Ciudad de las Puertas, como aprendiz del Gremio de los Engalabornados , un colectivo de hechiceros y artesanos que tejían con magia en sentido literal. Allí encontró un mundo fascinante, lleno de arquitectura cambiante, facciones que discut...