En algún momento de mi juventud tenía tiempo. En aquella época debí de disponer del tiempo suficiente como para desarrollar toda la geografía física y política de un continente, así como rasgos culturales. No le llegué a poner nombre al continente, creo, aunque desarrollé una aventura para jugar con mi hermana y mi prima, seguramente. Creo que llegamos a jugar alguna partida. Suele ocurrirme que invierto mucho tiempo (una cantidad absurdamente desproporcionada), en desarrollar aspectos que luego apenas tienen uso real en la mesa. Pero ese tiempo de evasión absoluta, no obstante, me resulta especialmente gratificante. Entiendo perfectamente a los escultores medievales, capaces de esculpir incluso en las zonas donde nadie podía mirar. Ellos lo hacían por su fe en Dios, en mi caso es la obsesión de abarcar la totalidad de un entorno fantástico hasta agotar el último detalle. Es mi forma de vivir en él.
Era para Ad&d 2e, la mejor edición del juego, sin absolutamente ninguna duda, después de probar la 3ª y la 5ª. La más completa y satisfactoria a efectos de juego, desde mi humilde opinión, es la antigua, completamente irregular, salvaje y caótica. Al parecer hice un plano de una zona concreta para una aventura. También tengo los personajes no jugadores y algunos desarrollos respecto a profesiones y objetos mágicos. Se puede observar la influencia de la "Escuela del Malabarista" que aparece en el módulo de Los jinetes de Rohan, para MERP. Diría que los pueblos tienen mucho de Runequest (hay faltas de ortografía por ahí, pero no pienso tocar nada de aquello, por supuesto). La posada del Buen reposo es la reproducción de los restos arqueológicos de algún sitio. Luego están el monasterio de Erkinn y el pueblo, Forguet/Fornetlund (evidentemente inspirada en Tharbad, en el plano de la ciudad obra de Peter C. Fenlon —al menos eso creo, no estoy seguro de si los créditos del arte interior se corresponden exactamente con ese grandísimo autor, aunque lo supongo por su calidad—. Todo auténtico mapa debe incluir el alcantarillado de la ciudad, como es bien sabido: Los ladrones de Tharbad es, desde mi perspectiva de juego, el módulo que más he exprimido en mi vida de director y al que le tengo más cariño.
Se nota que estaba completamente dominado por MERP en aquella época, y sin embargo escribía cosas para Ad&d. Todo hecho a lápiz, por cierto. Si fuera por mí, prohibiría en las mesas de rol todo bolígrafo. Vaya usted a saber por qué.
Todo es de mi mano. El mapa geográfico procede de Escocia, como se puede advertir. Lo cierto es que valdría la pena recuperar todo esto alguna vez. E incluso convertirlo en una campaña. Si tuviéramos tiempo para jugarla.
















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