¿Cuánto hace que no recogía el testigo de la última entrada, para mí ya desconocida, y aportaba alguna buena nueva a este ya muy arcaico blog que cambio de nombre y temática tantas veces, aunque siempre sumido en la fantasía? ¿Cómo reconecerlo tras semejantes transformaciones, como las propias del dios de los ardides y engaños que se transforma para esquivar la muerte? Pues ahora va a recibir una nueva vida, del mismo modo que el rol que, al fin y al cabo, le dio la existencia y que, ahora, envueltos en la mayor y más dañina pandemia que se nos ha dado enfrentar, que nos ha encerrado entre nuestras cuatro paredes y alejado los unos de los otros, ha permitido, sin embargo, aflorar. Como el ave fénix, nunca había jugado tanto y tan amenudo desde los primeros años dorados. Así que vamos a recopilar aquí anécdotas y personajes para que no llegue a suceder como entonces: que los recuerdos se desvanezcan y solo quedan las risas, los pequeños instantes, pero se pierda la totalidad de la experiencia que, si no se escribe, sencillamente se pierde. Tal vez ahí se halle alguna verdad esencial de las historias que son, en el fondo, pero sin vergüenza alguna, ensoñaciones en vida que pueblan de una mágica dignidad el paso de los años para los que hemos probado la manzana de los sueños y sabemos que detrás de esta nuestra material existencia hay otras, quizá más neblinosas o transparentes, pero igualmente auténticas.
Bienvenido de nuevo fénix.
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