Puede que fuese en 1995. Después de un viaje, al regresar a casa, nos
encontramos con que alguien nos había robado. No recuerdo qué se
llevaron exactamente, salvo tres cosas, tres, que siguen doliendo mi
alma friki desde entonces: algunos números del manga de Bastard!!, mi
Mega Drive con el MegaCD y aquella joya procedente del país del Sol
Naciente que de algún modo mi hermana y yo capturamos en Aquelarre (un
lugar especial, el antiguo, el de antes de todo lo que llegó después). El contenido de aquella brillante perla oriental celebra ahora sus 30 años. Era la historia de un niño cuya absoluta pureza le inhibía de la vergüenza y la sinrazón de la sociedad. Para algunos este resumen será suficiente para reconocerlo al instante. Si añado que vivía aislado en las montañas hasta que se ve obligado a marcharse, otros lo reconocerán. Si, por último, indico que portaba un bastón que se alargaba mágicamente y una nube en la que sólo él podía montar, ya no cabe duda.
Alguien, hace casi 20 años se llevó mi libro más querido de entonces, solo igualado por unos pocos de los cuales ya hablaré otro día. Porque hoy es día de recordar, antes de Supersaiyajines y mandangas, al puro, al verdadero, al niño que partió a buscar las siete bolas de dragón que llenaron todavía más de sueños y de magia la vida de muchos de nosotros, que dejábamos de ser niños, y empezábamos a conocer la perra realidad del mundo. Yo la conocí entonces, y aunque otras cosas llegaron después, el fetichismo que solo los libros sagrados provocan en nosotros me alcanza hasta hoy. Felices treinta años, Shōnen Jump, feliz época de TV3 y Canal9, de Ranma Saotome y Hyoga de Cisne. Un instante de nostalgia para los que fuimos, tras aquél muchacho, a encontrarnos con el fin de la infancia, que siempre nos llega, pero nunca del todo.
http://www.fantifica.com/comic/articulos/dragon-ball-cumple-30-anos
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