Puede que la serie Ghost in the Shell sea una anomalía en el universo manga. Lo cierto es que la calidad de este medio siempre ha ido en aumento, pero en 2002, cuando se estrenó la serie, supuso un hito histórico difícilmente superable. Mi pasión por ella es tal que voy a llevar a cabo un análisis fenomenológico de la misma en la que voy a ir entremezclando mis obsesiones con la narración misma de los episodios. Puede que empezar por la segunda temporada sea un contrasentido, y lo acepto como tal. Es así, y punto.Resumen
El episodio narra la reapertura de la sección nueve a la vez que presenta la situación socio-política en que se encuentra Japón. También introduce el tema central de la segunda temporada: la historia de los once individuales.
Los once individuales son un grupo terrorista que ha entrado en la embajada China y capturado a unos rehenes. El equipo Kusanagi comienza una operación especial para liberarlos mientras Aramaki discute con la Primer Ministro y su gabinete la reapertura de la sección nueve, encargada anteriormente de este tipo de operaciones especiales. En la espera, el grupo expone cuál es la situación de Japón en ese momento: después de la guerra hay un gran número de refugiados que son acogidos por el país en cinco distritos especiales. Al principio los refugiados son bien recibidos ya que forman una mano de obra útil (seguramente como lumpemproletariado), pero cuando llega la crisis económica la percepción de la población cambia drásticamente. Los ciudadanos japoneses perciben esa nueva masa creciente como una amenaza para sus posibilidades de empleo y entienden que se está invirtiendo una gran cantidad de dinero público para mantener a una población que les supone una amenaza. El propio gobierno, indica Kusanagi, entiende el problema de los refugiados del mismo modo, y ya estaba preparando el proceso de reducción de ayudas y recorte de derechos sobre aquellos. El problema surge cuando el grupo terrorista de los once individuales entra en escena para forzar la situación. La primer ministro no quiere que las demandas de los terroristas se hagan públicas, puesto que su política va en consonancia con la de los terroristas, por lo que podría interpretarse como una concesión a un grupo terrorista. Es por ello que aparece Aramaki en escena. No obstante, la primer ministro no quiere arriesgarse a dar luz verde a la sección nueve sin el compromiso de todo su gabinete (dados los antecedentes peligrosos de la sección, que se sustrajo del control político anteriormente –para su conservación por cierto- y fue desmantelada).
Después de que se produzca un incidente en el interior de la embajada con la policía local, en la que un agente es muerto y otro herido y capturado, Aramaki propone una solución a la primer ministro: autorizar la intervención de los SWAT de la policía, para que la sección nueve pueda adelantarse e intervenir en la situación. En pocas palabras: intervenir sin cobertura legal de ninguna clase, a riesgo cero para la primer ministra, que siempre podía negarse a reconocer la intervención en caso de fracaso (en caso de éxito nadie pregunta, para perplejidad, digo yo, de la propia policía, aunque ya estarán acostumbrados).
Al final el equipo interviene y resuelve el problema sin ninguna baja civil. Cabe mencionar el procedimiento expeditivo de la sección nueve para con los terroristas, pero siempre se han caracterizado por la violencia controlada sin concesiones en este tipo de situaciones.El episodio termina con la autorización al presupuesto y, por tanto, la reapertura de la unidad (la que en castellano recibió el infame nombre de Patrulla Especial Ghost, lo siento, pero tenía que decirlo), junto con la reflexión de Aramaki de que la primer ministro no es un mero títere de su gabinete sino alguien a tener en cuenta.
La lógica nacionalista de Japón responde a la situación mundial supuesta de crisis, algo por lo demás que tampoco nos resulta extraño. Por otro lado, merece destacarse el procedimiento de infiltración de Motoko, un pirateo al cibercerebro de uno de los terroristas, que después utiliza para atacar a los otros desde dentro y generar la oportunidad de intervención de su unidad. El pirateo lo hace a través de la línea teléfonica. También vuelven a aparecer los tachikomas, cómo no, la marca de la casa de Ghost in the Shell.
Algo más.
Por cierto que en su corto, uno de ellos aparece leyendo El Anti Edipo o las Mil Mesetas, el libro de Deleuze y Guattari donde se trata de la relación entre esquizofrenia y capitalismo, de la “recuperación” dentro del capitalismo de los procesos que en principio le son extraños para reintregrarlos en el flujo normalizado del sistema. La sociedad futurista reflejada en la serie es la del cibercapitalismo avanzado. Una sociedad de esta clase ya ha roto con lo social, por decirlo de forma paradójica, es decir, se ha transformado en una pura negatividad o anomalía constante, de ruptura total de códigos. Esto se consigue de forma perfecta, casi definitiva, con la tecnología, que es capaz de destruir incluso los últimos reductos del yo, de la personalidad, gracias a la inmersión de la conciencia en la Red (su disolución en definitiva), y a la explosión de la corporalidad. Disolución y explosión, dos elementos de apertura, de segregación o fragmentación definitiva y total en un universo completamente abierto o des-localizado. La respuesta esquizoide del pueblo japonés a través de los once individuales constituye el paso no más allá de un tejido social que expone las necesidades de la maquinaria (axiomática) que mueve el mundo: una profunda desigualdad que antes recibía con los brazos abiertos a la mano de obra famélica y ahora la deporta cuando ya no le es útil. La esquizofrenia del discurso, que va a proceder a la expulsión, a la vez que adopta una lógica de respeto a los derechos humanos y protección de la ciudadanía constituye un ejemplo más del ejercicio no ya de hipocresía, sino de pura demencia, tan característico del ultracapitalismo.
Si hemos escuchado algo de la situación de Marruecos y la actitud de España en estos días, creo que se entenderá la actualidad del asunto.
Uno de los conceptos fundamentales de Deleuze y Guattari es el de rizoma, es decir, la organización no subordinada que no sigue la estructura de los géneros porfirianos. Los autores tratan de desterrar la idea de jerarquía y de fundacionalismo a través de esta noción, que deriva en la idea de campos afines que se distribuyen en el interior del rizoma (las “mil mesetas”). Esta nueva forma de conceptualizar afecta especialmente (pero no exclusivamente) a la ciencia, y se aleja del fundacionalismo positivista representado de forma clásica por la noción de “oración protocolaria”, base de todo el orden lógico de la ciencia y triturado posteriormente por la filosofía. Esta estructura rizomática está representada por los terroristas en este episodio. Como reconoce Motoko, se comportan de forma extraña, puesto que no tienen un centro o nódulo de poder/control, sino que se distribuyen las acciones y decisiones entre sí ajenos a un árbol jerárquico. Este tema va ser leit motiv de esta segunda temporada, así que seguiremos hablando de ello.Detalles
Motoko resuelve la situación del rehén del mismo modo que el primer número del manga original, y además dice las mismas palabras que al final de la serie, cuando “finiquita” el problema con Gouda.
Nunca es tarde si la dicha es buena.
ResponderEliminarEstás de vuelta. ¿Preparado para las Navidades? Aquí ya pusieron las luces y los regalos en los escaparates y los carteles en los supermercados hace aproximadamente un mes.
Nos vemos pronto.