El gobierno flota en un caldo indefinicio, de insubstancial textura y sin profundidad aparente. Mientras anuncia una bajada en los salarios de los funcionarios del 5%, en las reuniones con los sindicatos no tienen claro si será sobre el salario bruto o el neto, cómo se distribuirá esa “media” o qué pasará con los sueldos mínimos. Ahora comienzan a escucharse voces, a leerse noticias sobre distintos sectores que pretenden cobrarse la bajada. Los policías anuncian una disminución en el número de multas (demasiado tarde, cabría decir), por ejemplo. En el gremio, la gente propone trabajar un 5% menos, y en general las quejas están adquiriendo un tinte dramático, un aire dickensiano, un tono apocalíptico de difícil comprensión.
El peor enemigo, como siempre, está en casa. La negativa valoración del funcionariado provocará que ningún sector social muestre afinidad por la defensa del salario. Los propios funcionarios, con estas actitides, demuestran esa profesionalidad y saber hacer que les ha hecho célebres.
Y la percepción de los mismos no hará sino empeorar. Cualquiera que conozca a un funcionario sabrá cómo están las cosas en las oficinas de las diputaciones, delegaciones, sindicatos, consellerías y demás.
El volumen de lamentos es tan ingente que gestionar tanta pereza, holgazanería y quejiquismo constituye una tarea ciclópea para cualquier trabajador con un mínimo de vergüenza. Mientras los funcionarios cavan su tumba sobre tierra bien fresca, ese aire de fracaso y desastre saldrá a la calle. Entonces estaremos jodidos.
El peor enemigo, como siempre, está en casa. La negativa valoración del funcionariado provocará que ningún sector social muestre afinidad por la defensa del salario. Los propios funcionarios, con estas actitides, demuestran esa profesionalidad y saber hacer que les ha hecho célebres.
Y la percepción de los mismos no hará sino empeorar. Cualquiera que conozca a un funcionario sabrá cómo están las cosas en las oficinas de las diputaciones, delegaciones, sindicatos, consellerías y demás.
El volumen de lamentos es tan ingente que gestionar tanta pereza, holgazanería y quejiquismo constituye una tarea ciclópea para cualquier trabajador con un mínimo de vergüenza. Mientras los funcionarios cavan su tumba sobre tierra bien fresca, ese aire de fracaso y desastre saldrá a la calle. Entonces estaremos jodidos.
Un completo desastre, la verdad. No entiendo muchas cosas, pero estoy convencido de que hay algo que no funciona en el sistema. El problema, como casi siempre, es encontrarlo...
ResponderEliminarPor cierto, me alegro de que hayas vuelto a la carga.