
La aparición de libros inexistentes en alguna obra de arte, como si de una metaficción irreal se tratase, es un fenómeno encantador, tal vez por la sensación de lo extraordinario que produce. Nada posee más autoridad que los libros, tanto por su contenido (que varía según la calidad de su autor), como por su materialidad misma, más convincente que cualquier archivo electrónico apenas real, aunque idéntico. Es una paradoja deliciosa, y nada es tan atractivo como una paradoja. Borjes, ese escritor escéptico amante también de los laberintos ya legó varios volúmenes de enciclopédias fantásticas de lugares más reales que la realidad, como Tlön y Uqbar. Acaso es porque representan el límite que nuestra obsesión por lo fantástico puede alcanzar. Constituye la conquista del principio de deseo sobre el principio de realidad, y pese a ser maravilloso, también es aterrador: proceden de una obsesión, de una enfermedad asociada tal vez a la melancolía.
Ya hablé de Reign and Conquest en su momento. Hoy he recordado una película, Donnie Darko, en la que aparece otra de esas obras: Filosofía de los Viajes en el Tiempo. La película tiene un final genial, (puede que lo ensalce por un error en mi comprensión de ese final, que no revelaré aquí, pero eso lo hizo todavía más interesante). El caso es que en él se menciona esta obra ficticia y aunque para alguien que tiene cierta dedicación profesional a la filosofía, la mezcla con los viajes en el tiempo le puede parecer ridícula, el caso es que su mención no deja de resultar atractiva. El libro en sí, que reproduzco en la imagen, es de esos que se necesita tocar, que provoca el indefectible deseo de ser acariciado, y leído, por supuesto, como única consumación fetichista posible para con una criatura de papel. No importa que la teoría sea delirante, no importa que sea metaficticio, más bien al contrario. Al fin y al cabo, qué es la realidad. Bueno, puede que un juego jugado por un idiota. ¿O era un sueño? Vaya usted a saber...
Ya hablé de Reign and Conquest en su momento. Hoy he recordado una película, Donnie Darko, en la que aparece otra de esas obras: Filosofía de los Viajes en el Tiempo. La película tiene un final genial, (puede que lo ensalce por un error en mi comprensión de ese final, que no revelaré aquí, pero eso lo hizo todavía más interesante). El caso es que en él se menciona esta obra ficticia y aunque para alguien que tiene cierta dedicación profesional a la filosofía, la mezcla con los viajes en el tiempo le puede parecer ridícula, el caso es que su mención no deja de resultar atractiva. El libro en sí, que reproduzco en la imagen, es de esos que se necesita tocar, que provoca el indefectible deseo de ser acariciado, y leído, por supuesto, como única consumación fetichista posible para con una criatura de papel. No importa que la teoría sea delirante, no importa que sea metaficticio, más bien al contrario. Al fin y al cabo, qué es la realidad. Bueno, puede que un juego jugado por un idiota. ¿O era un sueño? Vaya usted a saber...
Otro ejemplo más: Jonathan Strange y el Sr. Norrel està lleno de referencias bibliográficas inexistentes a pie de página. Estas pequeñas "perlas de sabiduría ficticia" dentro de la ficción aportan un noséque interesantísimo!
ResponderEliminarCierto. Es una prueba más de que la fantasía y la curiosidad humanas suelen ir cogidas de la mano.
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