(Esta es la cara que se te queda cuando no te contratan para protagonizar Harry Potter).
Aunque aún falta para que termine esta cuarta temporada de Perdidos, voy a hacer una pequeña reflexión para justificar al menos el nombre de este blog. La cuarta temporada, como las anteriores, como todas las de cualquier serie, ha tenido y tiene sus altos y sus bajos, sus grandes momentos, y sus minutos basura. La ruptura temporal de los Flashforwards volvió a aparecer en el primer episodio, dedicado a Hurley, bastante pirado y por alguna razón cabreado con Jack. Pero no voy a hacer un análisis. El mejor episodio por el momento, el de Desmond (4x05), mientras que el peor según, lostph, fue el de Juliet (4x06).
Sin embargo creo que cada episodio en el que aparece Michael Emerson merece mención aparte. Es uno de los mejores personajes que ha dado la televisión, y cada capítulo no hace sino mejorar. Los guionistas, que son unos listillos, lo saben, y con la muerte de su hija, Benjamín ha alcanzado otro nivel de profundidad. Ahora ya no puede resultar tan odioso –o sí, al fin y al cabo, como dice Widmore, la muerte de Alex fue culpa suya-. Desde su genial presentación como Henry Gale, y su encierro, hasta su habilidad para cargarse peña a caballo… hemos visto a un malvado sobresalir por su inteligencia y capacidad de manipulación. Por encima del uso de la violencia, su lengua viperina le permite escapar de cualquier celda (ya lleva dos evasiones… que aprenda el puñetero Scofield que no hace falta tanto…) y conseguir lo que se propone.
La cuestión de las muertes es, como siempre, polémica. Matar a un personaje de una serie siempre es un asunto arriesgado. Puede obligarte a florituras como las de 24 con Tony Almeida. En el caso de Perdidos, la cosa es más fácil, porque siempre puedes acudir a un flashback, sueño o flashforward para esas imprescindibles apariciones.
(¡Qué idiota eres, Karl!)
La muerte de Alex es tan injusta que provoca una rabia indefectible contra quien aprieta el gatillo. De nuevo los guionistas se habían encargado de mostrarnos a esos tipos, primero como pasajeros y luego como peligrosos tiradores, pero solo con la incursión y asesinato de Rousseau, Alex y el panfilillo de Karl se muestran como las repugnantes alimañas que son. Desde ese momento quienes tuvieran dudas sobre Benjamín Linus, ya no lo podrán ver de la misma manera. Lo que le dice a Widmore de su hija es fruto de la más pura, lógica, poética y absurda venganza. Comprendemos perfectamente su rabia, la misma que la de Said (el cual, por cierto, parece haber olvidado a Shannon…) La historia de Perdidos avanza y retrocede, pero en cualquier caso, guste más o menos, siempre parece que va a algún sitio, al que todavía nos falta para ver llegar (2010 ni más ni menos), en el que no cabe duda, no podrá faltar el señor Linus.
Pero yo prefiero quedarme por ahora con ese Ben feliz en la cocina junto con la insoportable Juliet. Cómo semejante genio se ha podido enamorar de esa individua cuya única cualidad es una sonrisita sin gusto y unos ojitos claros. Hasta los genios tienen puntos débiles, por supuesto. Esos momentos tranquilos que hacen de la serie algo especial: los de Hurley con Sawyer, Jin y Sun con el niño de Claire… La selección de actores ha sido el gran acierto de Perdidos, y Michael Emerson debería ocupar una posición de privilegio en ese altar de pérfidos malvados adorables que todo friki tiene en su sótano.

Hombre, Ben un genio...
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