Lo sé, la pregunta es: qué demonios tiene que ver una corrida de toros (¿puede haber algo más castizo?) con una partida de rol (¿puede haber algo más friki?). Existen algunas similitudes formales, sin embargo. En las corridas (de toros), éstos sudan sangre frente a un ser monstruoso que les acosa con una ridícula capa y vestido como un gilipollas en carnaval. Si no fuera por la espada el toro se partiría en su cara, pero maldita la gracia de que le corten las partes para hacer criadillas –aunque para entonces ya esté muerto, ¡pobre!-. En las partidas de rol, no hay uno, sino tres o cuatro minotauros sudorosos, que en verano se privan de la decencia de los atuendos civilizados y se abandonan a la desnudez espartana (con frotamientos incluido, lo sé). Además también hay un cabroncete que controla sus acciones y les amarga la vida: el DJ, (los cursis del D&D lo llaman Dungeon Master, y en efecto, su única tarea es encontrar la bestia parda de turno que espera tras una puerta en una sala, recordemos, sin oxígeno, ni alimento, ni compañía, esperando a que lleguen los ansiosos héroes)… en fin, que me pierdo…Como decía, existen similitudes. Aunque no soy experto en toros (¡Shirow me libre!), conocí a una persona que era especialista. En alguna ocasión me contó algo que ha permanecido en mi memoria, ya que representa lo incomprensibles, irracionales y magníficos que son los humanos. Decía que casi todas las corridas eran mediocres y aburridas, y que algunas veces, solo unas pocas, uno podía encontrarse con alguna tan sublime y extraordinaria que justificara todas las demás. Con el rol sucede lo mismo. Uno puede jugar durante semanas, meses o incluso años partidas tan aburridas, que algún cubo gelatinoso parece haber muerto de puro tedio antes de que llegasen los héroes a su mullido cubil. Pero alguna vez te encuentras con momentos que no tienen precio. Cada cual atesora esos momentos como parte de su vida, y cuando el grupo se junta los recuerda como hazañas del pasado. Todos a la espera de la ola perfecta, como aquél personaje de Le llamaban Bodhi.
Es muy tarde, así que espero que se me perdone esa referencia fílmica. No hay nada como trasnochar para que la imaginación vaya de un lado a otro. Ahora mismo tengo en mente tres de esos momentos:
DJ: ¿Qué haces?
Jugador: Ahora abriré la puerta, entraré y le cortaré la cabeza a ese mal nacido.
(Y en efecto, paso a paso, cumplió cada una de las acciones, con crítico y resultado literal incluido –era Rolemaster).
En una ocasión, estando en unas alcantarillas, un enano, y dos humanos sacaron todos pifias con sus respectivas armas, y se rompieron las rodillas (el enano se rompió las dos, no se sabe aún cómo). Sólo quedó mi elfo mago para luchar contra un desvalido espectro que pasaba por allí…
Pero sin duda la más mítica de todas las partidas fue aquella en la que unos inocentes personajes de Runequest quisieron atravesar un río. Aquél día las tiradas no acompañaron, por decirlo suavemente… éramos seis y cuatro de ellos casi se ahogaron, unos por otros, hasta que el maestro Lifty-Click, el elfo amarillo más viejo, raro y orejudo que haya conocido el mundo, consiguió sacarlos de las tumultuosas aguas del riachuelo que, después de varias horas consiguieron superar hasta alcanzar una posada.
Por aquellos momentos perdidos seguimos jugando, esperando a sus iguales, para grabarlos en los anales del tiempo.
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